Tocineando a la Bipolar

De todo lo que soy y lo que tengo

Un añito… ni mas ni menos, ni mas ni menos marzo 26, 2010

Filed under: Tocinismos — sdrosell @ 2:31 pm
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Esta mañana, cuando iba camino del trabajo, parada en un semáforo, he visto un coche de autoescuela con cuatro alumnos y un profesor dentro, es decir, que iban al Centro de exámenes de la DGT en Móstoles a examinarse del carnet de conducir. Es decir, que en ese coche había mas nervios que en un entrecot de los malos. Es decir, que en ese coche había mas cantidad de tila por metro cuadrado que en todas las instalaciones de Horniman’s. Es decir, que ese mismo coche, cuando haga su viaje de vuelta irá cargado de tristeza, de alegría contenida, de rabia, de impotencia, de sensación de estupidez….

Mañana hace un año que yo me saqué el carnet de conducir, a la quinta, como una campeona. Yo recuerdo ese día con bastante nitidez, me examinaba a las 12 y quedamos a las 10:00 en la puerta de la autoescuela para practicar un poco antes del examen. Como era mi quinta vez, yo iba totalmente desmotivada, de hecho, si no aprobaba lo dejaba por imposible y es que según mi profesor de autoescuela, yo conducía bien pero en los exámenes con los nervios, la cagaba. Y tenia razón, así que en ese examen yo iba tranquila, con la idea de que ahora o nunca y que total, solo era el carnet de conducir.

Recuerdo que me quedé dormida en el coche de camino a Móstoles y el resto de mis compañeros (adolescentes con piercings en sitios donde la ingesta de comida debía convertirse en una verdadera aventura) estaban de los nervios. Practicaron antes de ir al centro de exámenes… yo no, no quería tocar el coche. Cuando llegamos al centro de exámenes, mis compañeros y sus piercings fueron directos a la cafetería a tomarse la enésima tila del día. Yo sin embargo, me quedé fuera, en la escalinata, al solecito, fumándome un cigarro (en aquella época fumaba) tranquilamente y observando las reacciones de la gente.

Llegó nuestro turno, a las 14:45, si, si… 14:45…. dos horas y cuarenta y cinco minutos después de la hora establecida, mis compañeros y sus piercings estaban ya subidos por los arboles del recinto y comiéndose las ramas como koalas y yo seguía sentada en distinto sitio, pero con el mismo solecito y otro cigarro. Se fue la primera pareja de alumnos a examinarse y yo me quedé allí, con mi otro compañero de examen, sus piercings y sus colegas de trapicheos de estupefacientes.

Cuando volvieron los primeros que se examinaron, su cara era un poema… yo me monté el coche junto con mi compañero con piercings narcotraficante, ajusté espejos, asiento, cinturón de seguridad (en el primer examen se me olvidó ponérmelo) y me puse en marcha… El examinador era seco como el ojo de un tuerto y conciso, cosa que a mi, me gustó… Empezó el examen… salimos del centro de exámenes, nos fuimos a Navalcarnero, aparqué y terminó el examen… Luego se examinó mi compañero con piercings y narcotraficante y volvimos al centro de exámenes.

Cuando llegamos allí, la tensión se mascaba, todos mis compañeros con sus piercings estaba elucubrando sobre su suerte, contando sus exámenes, nerviosos, rezando… yo esperé sentada en la escalinata, al solecito y fumándome otro cigarro. Y llegó el momento…. el profesor fue uno por uno dando la noticia…”lo siento, lo siento, lo siento… enhorabuena Tocino” y yo me quedé ahí… apoyada en el lateral del coche, con el mismo sol dándome en la cara que ahora estaba secándome las lagrimas.

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