Tocineando a la Bipolar

De todo lo que soy y lo que tengo

La incursión veinteañera vol. V enero 13, 2011

Después de mi ultimo encuentro sexual con el veinteañero alias insectopalo, me quedó una sensación entre Og que bien me he quedado!! y Oh! que coño he hecho. Así que apunté esa experiencia en una barrita de hielo, para que lentamente desapareciera en el tiempo. Pues bien, no había terminado de picar en el hielo, cuando volví a recibir una llamada del veinteañero alias insectopalo, hola que tal? me paso por tu casa y nos tomamos un café?, quicir, hola que tal? me paso por tu casa y echamos un polvo?, a lo que yo le contesté, si claro, pero nada de sexo chaval.

A los 30 minutos clavaos, allí estaba, el veinteañero alias insectopalo llamando a la puerta y yo con Nemesio en casa. Claro ese era un dato que solo conocíamos Nemesio y yo, por lo que cuando abrí la puerta para que el insectopalo entrará su cara de estupefacción, asco y miedo fue todo un poema.

Tienes perro? Muerde? Ay…. que mono no?, decía el insectopalo mientras intentaba a duras penas, debido a su falta de movilidad en el aparato locomotor, librarse de los saltos y embestidas de Nemesio, que estaba emocionado por tener un amiguito nuevo.

Después del recibimiento, para mi gracioso, para el insectopalo una versión de Los pájaros de Hitchcock, pero con un solo perro. Nos sentamos en el sofá y viendo que Nemesio era repudiado vilmente por el insectopalo, decidí alejarle de tan mala influencia (a Nemesio no al insectopalo), llevándome al insectopalo a mi habitación para hablar tranquilamente, pensando en que Nemesio, dormiría la siesta como siempre, algo que no fue así.

Y como no, acabamos practicando sexo, pero esta vez, no fue como la otra vez, esta vez, era interminable, cansino, no paraba de hablar, no paraba de hacer movimientos pélvicos propios de un brasileño en el sambódromo, no acababa nunca… y entre tanto, Nemesio, mi peluche, ni niño, que no se había dormido, no paraba de llorar, al verse solo, repudiado y abandonado en la casa… Hasta que el insectopalo dijo Que pesado es tu cucho no?

Y ahí, me salió el instinto de madreperruna y el orgullo de mujer y le dije No te preocupes, que esto lo soluciono yo en un momentito… Me vestí, salí de la habitación, consolé a mi niño, que me recompensó con lametones y  caricias perrunas. Recogí la ropa del insectopalo, la tiré escaleras abajo (mi casa es un ático dúplex y la salida está bajando unas escaleras), entré en la habitación y le dije Ya está solucionado, será mejor que te vayas, le quité el condón de un tirón y continué… Ya sabes donde está la puerta y ahí encontrarás tu ropa. El insectopalo se quedó de piedra, cogió sus calzoncillos, salió de la habitación y bajó las escaleras, cuando estaba a medio camino dijo Bueno, que me voy…

Mientras , yo estaba en mi sofá, con Nemesio, jugando con la pelota, ignorando la presencia del insectopalo, como hacia una hora él había hecho con Nemesio.

Porque EL será muy pijo, muy veinteañero, muy fashion y todo lo que EL quiera, pero YO soy educada y una señora de la cabeza a los pies y me han enseñado que en casa ajena, no se puede criticar y menos insultar a la mascota que vive alli.

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